La Iglesia del Carmen

La Iglesia del Carmen

La Iglesia del Carmen

Un hecho llamativo del trazado urbano de Colindres es la ausencia de edificios religiosos en la zona de Abajo, a excepción de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen. Es además muy reciente en términos históricos, fue erigida a mediados del siglo XX, si la comparamos con las construcciones religiosas que se levantan en Colindres de Arriba desde siglos medievales o modernos.

Esta distribución urbana es una huella más del devenir histórico de la villa, por el cual su centro neurálgico se desplazó de Arriba, cuyos barrios conforman el casco histórico colindrés, hacia Abajo. Un cambio confirmado en el tránsito del siglo XIX al XX, al calor de las transformaciones socioeconómicas del municipio: el decaimiento del antiguo Camino Real, la apertura de la Carretera de la Costa, la erección del Puente Giratorio, el desarrollo de las actividades pesqueras y de la industria conservera, la construcción del puerto y la inversión de la burguesía indiana en la creación de un novedoso entorno en el Barrio Nuevo, acorde con sus gustos y necesidades. Todo ello coadyuvó en el desarrollo urbano moderno de Colindres.

Y, dentro de esa renovación, consolidada a comienzos del siglo XX, se concibió la necesidad de erigir un templo religioso adecuado a los nuevos tiempos: en medio del renovado casco urbano y al pie de la carretera general. El emplazamiento elegido para ello, sin embargo, no carecía de historia. Y es que la nueva iglesia se alza donde en su momento estuvo situada la antigua Ermita de la Magdalena, en la ruta costera del Camino de Santiago; allí se detenían los peregrinos antes de tomar la Barca de Treto para adentrarse en Trasmiera, en dirección al sepulcro del santo. Por lo tanto, aunque de edificación reciente, el entorno de la actual iglesia está empapado de memoria y religiosidad.

Además, la sencillez en sus líneas constructivas y su ornamentación no debe confundirnos: la Iglesia del Carmen posee una serie de notables valores arquitectónicos, fruto del momento de su proyección y construcción; una época de transición social y artística que posibilitó la incorporación (con notable retraso en España) de las nuevas tendencias constructivas contemporáneas vinculadas a las innovaciones técnicas y a los nuevos materiales de edificación. Es el momento en el que se abandonan los modelos neoherrerianos predominantes en la Cantabria de la posguerra, cuando pierde fuerza la retórica imperialista de la dictadura y penetran los primeros aires renovadores del Concilio Vaticano II. Se primó entonces la urgencia y la economía sobre las cuestiones estilísticas y ornamentales, en un período de gran dinamismo edificatorio y al calor del desarrollo económico, el crecimiento demográfico, la expansión urbana y el fuerte impulso turístico que experimentaba el entorno de la bahía de Santoña.

El resultado de aquel período comprendido entre los años cincuenta y sesenta del siglo XX fue una relevante ruptura en el lenguaje arquitectónico, no sin la oposición de sectores sociales tradicionales. Se postergaron entonces los modelos historicistas, medievales y modernos, favoreciendo la incorporación de conceptos racionalistas. Estos limpiaban las edificaciones de ornamentos innecesarios, otorgando protagonismo estético a la propia estructura de la construcción: primaba la utilidad sobre el ornato.

La Iglesia del Carmen ejerce un papel de transición dentro de ese proceso de cambio. Algunas de las soluciones que caracterizan al templo colindrés anticipan los modelos que se impondrán en las construcciones religiosas cántabras de la siguiente década.

Fue proyectada en 1955 por un arquitecto cubano nieto de colindresa, Emilio Canosa Gutiérrez (autor también de la posterior Iglesia de la Trinidad de Laredo), quien diseñó una planta tradicional en forma de cruz latina, no exenta de monumentalidad, pero construida con un material innovador: el ladrillo desnudo. Finalizada en 1964, es la primera iglesia de la región en utilizarlo. Canosa optó, además, por una simplificación de formas mediante líneas estructurales limpias y una estética tendente a la abstracción, de clara inspiración moderna, evidente en el diseño de la torre de planta cuadrangular coronada por una cruz metálica. Una simplicidad perceptible asimismo en los sencillos ventanales, carentes de vidrieras.

Logró de esta manera una edificación casi limpia de ornamentación, a excepción del grupo escultórico de la fachada y del mobiliario litúrgico interior. Ambos son obra del escultor Restituto Martín Gamo, “Resti”, relevante artista del siglo XX formado en la Escuela de Artes y Oficios y en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Premio Nacional de Escultura (1943), formó parte del cuerpo restaurador del Museo del Prado y es autor de una variada obra escultórica presente en toda la geografía española. “Resti” ejerció también como decorador cinematográfico, destacando su gigantesca estatua protagonista de “El Coloso de Rodas” (1961). Fue durante el rodaje de ésta, en Laredo, cuando se le encargó el conjunto escultórico y mobiliario, que conforma un sugerente contraste con el racionalismo abstracto del templo colindrés. Una edificación singular, hija de su tiempo histórico.

Pie de foto: “La Iglesia del Carmen introdujo nuevos conceptos arquitectónicos”. Fuente: Archivo Carmen Urriola.

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